CoronaCAMBIOS-19, 20, 21… (I parte)

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Es la guerra. Durante la guerra todo cambia. Después de la guerra nada es igual.

Es la guerra. Una situación cuyo desenlace podría concluir con más de 20.000 muertes “oficiales” … es una situación de guerra, algunos lo llamarán de alarma, pero es de guerra. Un país como España donde se producen oficialmente el mayor número de muertos por coronavirus por millón de habitantes de todo el mundo, 284 a fecha 6 de abril, es un país envuelto en la mayor desgracia avalada por la estadística del Covid-19. Cuando el 87% de los muertos de esta guerra son esos compatriotas de más de 70 años que nos han regalado, con su esfuerzo estajanovista de postguerra, de dictadura y de inicio de democracia, el estado de bienestar que hasta hace días disfrutábamos, entonces la tragedia ahoga. Si además también ostentamos el funesto récord mundial de infectados entre nuestro personal sanitario (+ del 14% de los contagiados, 16.200), heroica infantería en esta batalla, la gestión de esta guerra se define por sí sola.

Durante la guerra todo cambia. Las calles de ciudades inquietas que antes nunca dormían, ahora convertidas en vacíos pasillos. Parecen decorados de un decadente estudio cinematográfico. Paisajes urbanos alegóricos de un campo de pruebas de la nunca utilizada bomba N, esa que aniquila la vida manteniendo edificios e infraestructuras. Parques infantiles desnudos de su habitual algarabía. Semáforos antes congestionados que ahora solo dan paso a corrientes de aire, esta vez contaminadas solo por virus y cadaverina. En contraste, hospitales rebosantes de enfermos desorientados, solos y aferrados a un móvil sin batería, ubicados en los únicos espacios libres que van quedando en salas de espera, mientras el virus asesino va seleccionando, como en el juicio de Osiris, hacia dónde se inclina la balanza. Sacrificados sanitarios movilizados en masa, sin medios de protección básicos, y en jornadas física y mentalmente agotadoras. Morgues desbordadas que van dando paso a hornos crematorios saturados, una alegoría de la peor época del comportamiento del ser humano del pasado siglo.

Después de la guerra nada es igual. Eso dicen quienes las protagonizaron y seguro que tienen razón. Nosotros vamos a vivir ésta y a convivir con los subsiguientes cambios. Dentro del ámbito sanitario y todos sus afluentes, hay evidencias palpables de numerosos cambios que se están ya produciendo. Otros están en capilla, esperando el armisticio para establecerse y desplazar a lo menos útil. Vamos a analizar, en éste y en próximos artículos, algunos cambios que, ya por fuerza mayor ya por lógica aplastante o ya por mera supervivencia, se van a producir en el sector sanitario y en sectores que le dan servicio directo o colateral.

Analizaremos:

  • La digitalización en Pharma y la visita médica digital.
  • Telemedicina y teleasistencia.
  • La investigación colaborativa.
  • Las redes sociales oficiales, desaprovechadas salas de tertulia sanitaria.
  • Salud mental de nuestra sociedad y, especialmente, de nuestros #héroesconbata.
  • Teletrabajo, ya no será una opción.

Seguro que durante el periodo de reclusión obligatorio originado por esta contienda surgen otras áreas de análisis, pero mientras tanto, una reflexión del pasado nos puede ayudar para afrontar la siguiente etapa sanitaria (de la futura situación económica ni hablamos…), la que llega una vez vencido el virus asesino con la posibilidad del rebrote otoñal o con la llegada de otras pandemias, que vendrán. Algunos encontrarán alegorías para gobernantes y gobernados. Y aciertan. Nos situamos:

La calidad del ejército del Imperio Romano había comenzado a deteriorarse bastante antes del derrumbe imperial en el siglo V. El escritor romano Vegecio afirmaba que la decadencia estaba en su interior. Su razonamiento era que el ejército se había debilitado ya que, en un prolongado tiempo de paz, la inactividad los había hecho vulnerables.

Por si los 17+1 máximos dirigentes de nuestra sanidad quieren sacar alguna otra lección de esta guerra, más allá de la división, más allá de la desorganización, más allá de las contradicciones diarias y sus trágicas consecuencias, Vegecio dejó escrito en su libro “Epitoma Rei Militaris” este aviso digno de figurar en mármol: Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum o su posterior adaptación Si vis pacem, para bellum. Si quieres paz, prepárate para la guerra.

Francisco José García Pascual

6_04_2020 año de la pandemia