Las amistades peligrosas

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PUBLICADO EN SANIFAX EL 3 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Fue probablemente su primer artículo en el diario líder nativo digital de la prensa española desde su recientemente asumido cargo de presidente del IDIS. A principios de agosto, Juan Abarca Cidón escribía un artículo en El Español donde, sin la intención de resumir, abordaba las razonables y fructuosas relaciones profesionales entre el sector farmacéutico, representado por Farmaindustria, y los profesionales de la salud. En el mismo artículo se abordaban algunos “efectos colaterales indeseables” como consecuencia de hacerse público el conocimiento del volumen económico de esta transparente y productiva interacción.

Esos “conflictos” a los que se refiere el Dr. Abarca, creo que están provocados ya por ignorancia del funcionamiento del sector, ya por maledicencia, ya por intereses espurios. Para aquellos con menos conocimiento del sector biofarmacéutico me gustaría aportar tres reflexiones.

Primera. ¿Se conoce lo que cuesta atraer inversión desde las centrales a las filiales españolas de las compañías Farmacéuticas? He sido testigo de cómo la máxima representación española responsable del I+D de una biofarmacéutica líder, tiene que batallar (el verbo no está elegido alegremente) frente a la competencia de otras muchas filiales foráneas para conseguir la mayor inversión posible en nuestro país. Es obvio, cuantos más recursos se consiguen para España, mayor cifra para la I+D de nuestro país y mayores recursos para todos los centros y profesionales de la salud que contribuyen a conseguir los réditos esperados de esa inversión que, en vez de florecer en el extranjero, lo hacen aquí.

Conste que España es uno de los países que más inversión recibe para I+D desde las centrales de las compañías biofarmacéuticas, que en 2017 se alcanzó una inversión récord de 1.147.000.000 €, y que durante los últimos años este sector siempre ha ocupado uno de los tres primeros en el ranking de inversión en I+D. Todo ello, conociendo el destino de esas inversiones de la forma más transparente en comparación con ningún otro sector.

Segunda. ¿Se entiende por qué desde España podemos competir con filiales de países con mayores PIB y nivel de desarrollo que los nuestros? Pues por la máxima eficiencia de nuestra inversión y por la calidad de nuestro I+D. Destaco la calidad porque los protagonistas son nuestros centros y profesionales de salud que, desde la sanidad pública o privada (la excelencia no segmenta), ofrecen a las centrales farmacéuticas decisoras unos resultados tan extraordinarios que pueden competir con los mejores, pero insisto, con una eficiencia que añade todavía mayor valor a lo invertido.

Tercero. Y ¿cuáles son las consecuencias, sobre nuestra sanidad, al conseguir los máximos recursos (privados) posibles?

1) Incrementa las inversiones en centros y profesionales sanitarios, aportando recursos al sistema.

2) Contribuye al aumento de los recursos asistenciales que los hospitales ponen a disposición de sus pacientes.

3) Permite la generación de nuevo conocimiento científico y de nuevas terapias para beneficio de nuestros pacientes.

4) Facilita la formación médica continuada de nuestros profesionales sanitarios.

5) Genera puestos de trabajo cualificados (4.713 en 2017, +7,1%). Y así podríamos seguir… En definitiva, aporta riqueza a nuestro país, desarrollo y recursos a nuestros centros, investigadores y profesionales de salud, y acceso temprano a los tratamientos más innovadores para nuestros pacientes.

A pesar de todo lo anterior, seguimos sufriendo en esta España polarizada del siglo XXI la demagogia del bisoño populismo que afronta a toda conjugación de “sanidad” que lleva el adjetivo “privado” (sea sector o empresa), como el enemigo público a batir para posibilitar el estado del bienestar…

El I+D que invierten las empresas biofarmacéuticas (sector privado) en España, que confiere a nuestra sanidad (pública y privada) y a nuestra sociedad tanto y tan selecto, no puede estar en el punto de mira del demagogo de turno o de aquellos que ya no pueden perder la razón porque nunca la han encontrado más allá de una ideología obtusa. Sectarismo cegador a partir de la deificación del dogma.

Los demagogos y los populistas son las auténticas amistades peligrosas que, aprovechando la ignorancia de muchos, pueden afectar a nuestra evolución como país, a nuestro sistema de salud y a nuestra salud y calidad de vida; sed libera nos a Malo.

Francisco J. García Pascual