LIDERAZGO EN LA ADVERSIDAD. CoronaCAMBIOS-19 – IV Parte

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Liderazgo en la adversidad. CoronaCAMBIOS-19

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“Buenas noches, antes de nada, quiero decirles que seguimos todos en plantilla. Somos los mismos empleados que antes del cierre obligado por la crisis de la Covid-19. Mi jefe nos planteó una redistribución de tareas, creamos un home delivery en la web y algunos de nosotros hemos tenido que desempeñar funciones distintas para seguir adelante: entregas en moto, recepción de pedidos, etc. Gracias a esto ahora seguimos siendo la misma plantilla y el restaurante sigue adelante. No paramos” Esto, que es absolutamente real, ocurre la noche del 23 de julio de 2020 en un muy recomendable restaurante andaluz en Madrid, Surtopía. La persona que nos atiende está entusiasmada por seguir trabajando en un restaurante que ya, a las 21.30, está completo. Ella no se enterará de este artículo; su jefe tampoco. Por cierto, él es un chef sanluqueño, Jose Calleja, líder en la adversidad. Un líder en tiempos de crisis.

Ser líder en tiempos de crisis define a éste. Me explico, ahí se matricula el auténtico líder. El supuesto “líder en tiempos de bonanza” no recibirá el título hasta que no supere el examen en la asignatura de “escasez”. Por eso hay tan pocos líderes en nuestra sociedad y en nuestras empresas. La mayoría son pseudolíderes. Realmente son jefes impuestos por circunstancias, a veces muy paradójicas cuando no inexplicables. Son reyezuelos con vara de mando, pero sin capacidades emocionales o racionales para el liderazgo. Mientras las cosas van bien, hinchan el pecho como un palomo en celo y con engolamiento gutural se dirigen a sus empleados mostrándoles la circunstancial cornucopia que comparten, con mayor o menor generosidad. Generalmente poca, por cierto.

De repente llega la tormenta perfecta: la caída del principal cliente, la reducción de pedidos, el éxito de la competencia, o una pandemia con virus coronados y hospedadores atónitos que obliga a todos a resetear el modus vivendi y operandi. Ahí comienzan los problemas para el jefe pseudolíder. Sus pies de barro en la asignatura del liderazgo van diluyéndose a la misma velocidad que su estatura profesional. Se les reconoce por ser especialistas en echar balones fuera, repartir culpas y miserias con generosidad inusitada, ejercer de plañidera en la intimidad, o incluso sin pudor, y carecer de iniciativa, voluntad y determinación para tomar decisiones que repercutan en beneficio de la organización y la mayoría de sus colaboradores. La crisis los desnuda y la realidad los viste de futilidad.

El líder tiene la capacidad de afrontar las situaciones adversas con determinación, maestría y sabiduría y, si fuera necesario, con el correspondiente esfuerzo o sacrificio personal o colectivo que la situación requiera. Sabe también tomar decisiones difíciles, como cuando un cirujano sabe extirpar la parte para salvar al todo. Asume en primera persona, sí, pero sabe rodearse de otros líderes de la corporación para sacar a la organización adelante y llegar a puerto con la mayor parte posible de sus colaboradores en activo. El líder promueve el cambio, transforma la organización, asume, compromete y contagia la expectativa y la fuerza necesaria para que la entidad, aun sufriendo circunstancias críticas, se embeba de ese espíritu de liderazgo colectivo que le haga sobrevivir. El líder, como señalaba Tom Peters, “…no crea seguidores, crea más líderes.”

No sé si el sanluqueño que referí al inicio ha cultivado el liderazgo a base de experiencia, caídas y recuperaciones o practicando de manual. Lo que sí sé es que el entusiasmo que desprendía su colaboradora, el éxito de su local un jueves cualquiera en un Madrid todavía noqueado por la pandemia y reticente al exhibicionismo del gentío, junto con las nuevas oportunidades encontradas para su negocio en la contracorriente de las circunstancias, evidencian un liderazgo en la adversidad que será aún más desbordante en la bonanza, cuando el jinete apocalíptico coronavírico abandone el planeta.

Mientras tanto seguiremos observando las distintas y contradictorias respuestas que, ante circunstancias adversas similares, hacen que un negocio se hunda y otro igual o parecido se expanda. El liderazgo en la adversidad es la clave, aunque no solo, claro.

El romano (cordobés) Lucio Anneo Séneca, El Joven, importante figura de la cultura y de la política en el Imperio y máximo exponente del estoicismo romano durante los mandatos de cuatro emperadores -Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón-, señaló que “no nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.” Probablemente esta frase define también la propia conducta del líder, empeñado en hacer cosas difíciles a ojos del pseudolíder. Y qué más difícil que sacar adelante un negocio en plena crisis mundial y especialmente nacional. Nune aut nunquam. Ahora o nunca.

Francisco José García Pascual

29_07_2020 año de la pandemia

PUBLICADO EN SANIFAX EL 28_07_2020