De aquí a la eternidad

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Sí, usted va a pasar a la eternidad. Solo con que viva unos pocos años más, al menos. Otra cosa es que la eternidad pase por Ud. No es lo mismo, ya verá. Por cierto, esto no va de religión.

Con este planteamiento inicial, puede que haya pensado que el artículo podría versar sobre asuntos relacionados con:

  1. “La regeneración de órganos con fármacos” como el MSI-1436 que parece suprimir el freno a la capacidad natural del organismo de regenerar las células.
  2. “La telomerasa, el secreto biológico de nuestra eternidad”. Una enzima íntimamente relacionada con el envejecimiento y que sintetiza telómeros, regiones no codificantes del ADN, que evitan que los cromosomas pierdan información genética y solo se expresan en algunas células madre y en células tumorales.
  3. La “Bioingeniería para avanzar en la regeneración de tejidos”, de forma que a medida que ciertos órganos y sistemas no pasen su correspondiente “ITV”, nos podremos dirigir al “taller sanitario quirúrgico homologado” para su sustitución.

Pero no, no trata de ninguna de estas opciones. Este escrito se relaciona con la cuarta revolución industrial, ésa que deja en pañales a las tres primeras revoluciones industriales y que se enmarca en la también llamada revolución digital o industria 4.0 o revolución científico-tecnológica. Aquí la Inteligencia Artificial será la protagonista, procesando a través de algoritmos enormes cantidades de datos, y permitiendo estar interconectados a través de cada vez más sofisticados dispositivos y sistemas digitales.

He aquí tres opciones, cercanas, por si quiere ir eligiendo modalidad para pasar a la “eternidad”:

1) Un ruso, de nombre Dimitry Itskov, millonario a partir de un negocio de noticias online que no nació en un garaje, ya nos amenazó en 2011 con “hacernos a todos inmortales”.  Para alcanzar lo que el ruso llama “inmortalidad cibernética” y alcanzar su “mega-proyecto científico”, su INICIATIVA 2045 o proyecto AVATAR se orienta en la creación de un avatar cuya manufactura está dividida en cuatro etapas. Primero se desarrollarían androides dirigidos por una interfaz “cerebro-computadora-robot” controlada por la mente. Al final, se generaría un modelo informático compuesto por el cerebro más la conciencia de la persona, que tendría la capacidad de integrarse en un dispositivo y vivir una eternidad cibernética. Aguante hasta 2045 y hablamos.

2) NECTOME se define como “una organización de investigación dedicada a avanzar en la ciencia de la memoria”. Por resumir, pretenden generar una copia digital del cerebro. Partiendo de un sistema de vitrificación de nuestro cerebro que preservaría nuestros mapas de redes neuronales (conectomas), se generaría una copia digital o back up de nuestro cerebro para subirla a la nube y vivir para siempre. De manera virtual, claro. Tiene un pequeño inconveniente… el procedimiento es 100% letal para el que lo “compra” ya que la vitrificación cerebral implica utilizar un cerebro “fresco y vivo”, lo que podría arrinconar esta alternativa para enfermos terminales o para voluntarios del paso, directo y con peaje, de lo terrenal a las nubes, digitales en este caso.

3) Con el lema más “QUEEN” del mundo empresarial, “WHO WANTS TO LIVE FOREVER”, nació el proyecto ETERNIME. Esta empresa tiene sede legal en Rumanía -lo siento, no puedo evitar remitirme al mito del Drácula de Bram Stoker, TAMBIÉN ETERNO a partir de fluidos sanguíneos y residente en Rumanía, Transilvania. Concretamente en el Castillo de Bran-. Más de 46.000 personas se han inscrito ya en el proyecto. Su sistema de Inteligencia Artificial recopila desde la huella terrenal de una persona, voz y rasgos, pasando por sus fotos, historial de vida y costumbres, hasta su huella digital, incluida la generada en Redes Sociales. Convertirse en un avatar digital tras fenecer es el objetivo. Con él van a poder interactuar sus parientes y posibles descendientes tras abandonar el futuro finado este “valle de lágrimas”. Inmortalidad digital asegurada. Por cierto, puede inscribirse ya. Hay lista de espera y prometen comunicarse con Ud. en los próximos meses.

Puede ir eligiendo entre distintas opciones para cuando tenga ahorrado lo pertinente o, directamente, refugiarse en sus creencias religiosas particulares de eternidad, que es además más económico. Mientras tanto, no cantemos victoria. Mantengamos con estoicismo nuestra naturaleza mortal. Recuerde aquello que se producía cuando el general victorioso regresaba a Roma y paseaba su triunfo con parsimonia, esperando recibir el clamor del pueblo latino mientras que un lacayo le aguaba la fiesta susurrándole repetidamente: MEMENTO MORI.

Francisco J. García Pascual